MENTIRA TERAPEUTICA

    ¿Cuantas veces a lo largo de su vida  escuchó : “mentir no es bueno”, “nunca mientas”,  e incluso recibió algún castigo por haber mentido? Y sin embargo hoy, muchos cuidadores de personas con demencia se enfrentan a  que la mentira es parte de sus vidas, cuando tienen por ejemplo, que decirles “que su padre vendrá”, sabiendo que ha fallecido hace años. Pasan entonces a experimentar una ambivalencia entre lo que es cierto y lo que es imaginario, viviendo una realidad paralela, cargada además con un cuestionamiento moral.

     

     

    En mi trabajo como psicóloga, me enfrento a dos situaciones. La primera es el trabajo directo con personas con demencia  y donde yo misma debo estar “mintiéndoles en forma recurrente”. La segunda es la tarea de acompañar y psicoeducar al cuidador  para el manejo conductual de su familiar con Alzheimer, porque no solo deben cuidar de esa persona sino también sobrellevar los conflictos internos que les trae el “crear mentiras terapéuticas”,  dinámica en la que  entran en juego aspectos morales de vivir en un permanente engaño, donde la culpa y frustración se hacen presentes.

    Para el cuidador es un proceso que desgasta y sin pausa. Las personas con Alzheimer, no sólo van perdiendo la memoria, sino que se ponen repetitivas, se desorientan en tiempo y espacio. Se presentan trastornos del comportamiento, como alucinaciones, creencias falsas, acompañadas de delirios. En ese mundo paralelo que viven, pueden preguntar por personas que ya no están, afirmar que les han robado, que las  han envenenado y “construir sus propias realidades”. Es ahí entonces, donde la mentira- que en circunstancias normales es reprobable- logra tener su validez ética como herramienta terapéutica.

    Es un estrategia de comunicación, teniendo siempre presente que hay dos realidades, una la que está sintiendo y viviendo el paciente y la  otra la del propio cuidador. Por tanto, este último se enfrenta a dos opciones: intentar traer al paciente a su realidad, o entrar al escenario que su familiar con Alzheimer le está presentando. En la primera, aplicar la lógica o confrontarlo a la realidad sólo conllevará a intensificar conductas adversas e incluso agresivas, por parte de la persona afectada por Alzheimer y el cuidador presentará además frustración y un constante desgaste emocional y físico.

    En la segunda opción,  es fundamental el autocuidado y el manejo conductual. Una mentira que aliente a su familiar a que se alimente,  que logre sacarle una sonrisa  o que sienta calma porque su  madre viene en camino o que inclusive, le aminore una alucinación,  definitivamente beneficiará a los dos, el paciente y el cuidador. La persona con Alzheimer logrará la calma  y aceptará la asistencia y cuidado, y por su parte,el cuidador logrará un alivio y una menor dosis de estrés. Es importante no infantilizar, no crear una connotación que pueda ridiculizar la situación o a la persona. En caso que no tenga la “repuesta adecuada” refuerce la propia pregunta o solicitud,  por ejemplo si  pregunta dónde está su padre, puede decirle “ su padre está bien” o desvíe la atención. La creatividad y  flexibilidad  son ingredientes que día a día tienen que estar presentes, desde el respeto y dignidad hacia y para la persona.

    ¿Aun así se siente culpable? Piense que esa frase o palabra, aunque sea una mentira,  nació del amor, que es una “mentira terapéutica” para que  su ser amado sienta calma e incluso, tenga un  momento de felicidad.  Amor,  humor, creatividad  y flexibilidad,  son estrellas que pueden iluminar momentos de oscuridad en los cuidados con su familiar.

     

    Mónica Oviedo Fernández.
    Psicóloga, Licenciada en Psicología

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