NOSOTROS EN LA NOCHE

    “Nosotros en la noche “ es una película  cuyos protagonistas son Robert Redford  ( 82 años) y Jane Fonda ( 81 años). Bellos, activos,  emblemáticos  y consagrados  dentro del mundo del cine y otras actividades donde se han reinventado.  En esta ocasión, representan a dos viudos que  han incorporado  la soledad  como su única compañía  y con una rutina que la han ido asumiendo como una muerte súbita.  No soy crítica de cine, ni menos periodista, sólo una columnista que se inspira desde lo que observa  y coloca atención  en el día a día  para darle forma, sentido  y dejar una reflexión.

     

     

     “Nosotros en la noche” aborda temáticas como el amor, la sexualidad, la culpa, la soledad, y prejuicios al momento de reencontrarse dos personas en edad avanzada y que descubren un nuevo resplandor.

    El comienzo es de gran impacto para nuestra sociedad,  dado que  una mujer  y más aún de avanzada edad, le ofrece a su vecino pasar la noche juntos. La trama va tomando sentido y develando aspectos que me llevan a cuestionar  ¿qué pasa con las personas que en una tercera o cuarta edad deciden separarse o, lo más común, quedan en una condición de viudez?. Esa viudez que muchas veces traspasa a la persona perdida, siendo la soledad  una opción de compañía.

    Hablar  de sexualidad es un tema complejo, y de actividad sexual  con mayor razón,  especialmente para abordarlo para la tercera y cuarta edad; simplemente es un tema que no se habla. Pero, ¿al no hablarlo no existe?. ¿ O será que existen tantos prejuicios como interrogantes sobre cómo abordarlo, cómo vivirlo de manera saludable?

    La sexualidad va de la mano con la  comunicación, a esa transmisión de mensajes y energía que resulta de vincularnos con un semejante de manera integral. Es  expresión y vinculación con las emociones, transmitiendo amor y compromiso: “me importas”, “te cuido”, acompañado de un placer sensorial.

    Hay aspectos sociales que no favorecen hablar de sexualidad en esta etapa de la vida; aún es un tema tabú,  entre otras cosas por falta  educación sexual y porque prevalecen ideales estéticos que relacionan belleza, vigor y  juventud, exacerbados por la propaganda comercial.

    Otro gran prejuicio es creer que quienes se encuentran en esta etapa de  la vida no estarían interesados en comprometerse en alguna relación romántica o que la vida sexual no es importante. Sólo para contextualizar:  65% de los adultos mayores  consideran que la vida sexual es importantey dentro de ellos un 48.5%  de hombres y un 41%   de mujeres tienen vida sexual activa.

    Cuando las personas mayores son viudas o divorciados  también tienen interés en vincularse con un otro ser desde el amor y la intimidad; desde la protección, calidez y compañía. El amor en estas edades tiene múltiples beneficios, especialmente para la salud  emocional; tener un compañero/a para ir al cine, para que nos ayude, para ir  al teatro, caminar de la mano, compartir la propia intimidad, reír  o simplemente comentar  los sucesos del día  tiene un  matiz distinto que cuando se hace con los hijos, los amigos  o con relaciones de tipo fraternal.

    Los sentimientos que renacen en esta etapa son de fidelidad, respeto y compromiso; vistos y sentidos desde un placer sensorial. Esta mezcla de sentimientos y emociones genera un alza de  autoestima e incluso mejora el sistema inmune, producto de la gran cantidad de hormonas que se generan al momento de sentir placer, alegría y sentirse amado/a.  Encontrar de nuevo una pareja, en el sentido de encontrar un compañero de vida, es una alternativa para  no sufrir la soledad de la vejez.

    En esta etapa de la vida darle  luz al reloj del tiempo  e incluso querer detenerlo, es tarea de todos.  Como hijos, siendo respetuosos y generosos en dejar a nuestras personas mayores  darle luz a sus deseos. Como persona mayor, atreviéndose a romper mitos y a escuchar las propias necesidades e intereses.  Los hijos ya se casaron,  y el tiempo está más disponible para disfrutarlo en las actividades de recreación y ¿porqué no?, para golpear una puerta y aventurarse a volver a sentir el amor y tener un resplandor que ilumine el atardecer de la vida.

    Mónica Oviedo Fernández.
    Psicóloga, Licenciada en Psicología

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