El valor de los dedos de la mano

    Al consultarles a un grupo de personas que están en la tercera y cuarta edad, ¿qué valor le dan a la amistad?, algunas de sus respuestas fueron : “la amistad es esencial”, “es vital, especialmente en esta etapa de la vida”, “los amigos están en las buenas y en las malas”, “pocos amigos, muy bien escogidos”, “es lo más lindo que hay”, “los amigos te ayudan a rescatar lo importante de lo secundario”. En cada uno de ellas se repetía un común denominador: el valor de la amistad genera emociones y estados positivos como placer, alegría, confianza y compañía en sus distintas formas.
    Así también, destacaron lo importante de ser proactivos, de mantener los vínculos y donde el valor de la honestidad, compromiso y la tolerancia son importantes.

     

    Fotografia por Pixabay.com

     

    Cuántas veces hemos escuchado, “mis amigos son contados con los dedos de la mano” y claro, esta relación no surge al azar.
    Nuestras manos tienen cinco dedos, cada uno de los cuales tiene una función o valor en particular.
    Mientras más fino sea el trabajo a realizar, menos dedos intervienen. En situaciones de apuro, actúan todos. Algo similar sucede con los amigos. Algunos están más presentes que otros en la realización de nuestras actividades, pero no por ello son más, o menos, importantes. Cada uno tiene una sensibilidad y características particulares, que nacen desde la extensión de una misma base, el valor que yo como ser humano único y especial, le doy un sentido a un semejante que decido sea parte de mi vida. Al momento de definir cuantos amigos tienes, el análisis lleva a valorar la calidad sobre la cantidad.


    Compartir nuestros sueños, experiencias, temores o compartir una entretenida charla, genera que nuestro cerebro segregue endorfinas, comúnmente llamada “hormona de la felicidad”, que nos produce bienestar y estados placenteros. Es por esta razón, que cuando estamos compartiendo con nuestros amigos el reloj avanza sin darnos cuenta, incluso en ese momento de encuentro se decide “debemos vernos más seguido”, dado que el placer que se genera queremos que se mantenga. Esa sensación produce bienestar y calma, tanto a nivel físico como mental e incluso, es capaz de inhibir algún dolor.


    Martin Seligman, principal fundador de la Psicología Positiva, nos plantea la importancia de establecer relaciones con un otro, y que el bienestar tiene directa relación con cuanto tiempo se pasa con otras personas en un ambiente agradable. La idea es que estas relaciones de amistad sean sanas, constructivas y que como se dice comúnmente hoy, que “sumen” a nuestra vida, hay que proponerse mantener y construir relaciones positivas, con tolerancia a las diferencias, incluso estar de acuerdo en lo que no están de acuerdo, con el respeto y apertura necesaria.
    No es al azar que Dan Buettner, autor de “El secreto de las zonas azules” (zonas geográficas en las cuales viven las personas más sanas y longevas del mundo) destaca el valor de la amistad, de los encuentros, del compartir experiencias y hábitos saludables. En Okinawa, Japón, una de las zonas azules, el valor de comunidad y sentido de pertenencia tienen un valor relevante. Crean moais, grupos de cinco amigos que se comprometen a estar de por vida juntos, donde los hábitos que van incorporando son saludables y se contagian, reforzando conductas positivas, y trayendo como consecuencia, mayor bienestar.

    Hay una brecha bastante amplia, entre los hábitos saludables que se empeñan en practicar estas comunidades y nuestra sociedad occidental. Sin embargo, el punto de encuentro entre ambas es el valor que le damos al compartir, al valor de la colaboración y la generosidad, a los sentimientos de pertenencia. ¡Cuantos de ustedes pertenecen a un Club Social, a un Club de Toby o a un grupo de “EX”, compañeras de colegio, de trabajo, universidad o de una vecindad y el placer que genera reunirnos expresando nuevas o repetidas historias, que en cada encuentro tiene un matiz distinto!
    Cada participante tendrá una historia o recuerdo que tú has olvidado y él o ella será parte de una reconstrucción de un pasaje de tu vida…¿Te has escuchado decir: “¡oh, no me acordaba de eso!”? En esos encuentros no tenemos conciencia del tiempo y muchas veces lamentamos tener que interrumpirlos.


    Lo importante, es tener presente que mantener amistades y promover relaciones saludables generan una salud física, emocional y mental. En cada encuentro, tenemos que estar atentos y concentrados en el relato que nuestro interlocutor nos expresa, activando nuestra memoria inmediata y reciente. ¡Así es que manos a la obra!


     Llama por teléfono a quien esté de cumpleaños!. Identifica los nombres de los “dedos” de tu mano y salúdalos con un llamado telefónico. Ciertamente, es más cómodo mandar un “emoji”, pero el tiempo y la voz de un amigo que te saluda, se valora mucho más.


     No esperes que te llame o que te visite, si quieres saber cómo está, llámalo o simplemente escríbele.


     ¡Planifica una junta de encuentro con tus ex compañeros, colegas, etc!. Siempre alguien tiene que tomar la iniciativa, no esperes que “el otro” lo realice.


     Identifica alguna persona que a lo largo de tu vida fue importante y estuvo presente en algún momento de aflicción, que te brindó apoyo, “una oreja” y que puede que hoy, ya no esté en la proximidad de esos años. Contáctalo y agradécele, recordando lo importante que fue en ese momento. El agradecer diariamente promueve la felicidad y una conexión con el universo.


     Comparte con personas de distintas generaciones, porque te dan una amplitud de visiones, enriquecen tu repertorio de experiencias y te actualizan de cómo está el mundo.
    Favorece la diversidad y practica la tolerancia frente a las distintas posturas sobre un tema. De paso, con tu actitud le das relevancia a la sabiduría de tu experiencia. Es tarea de todos develar que la experiencia y sabiduría aún no son desechables.
    Si aún tienes “dedos”, ten conciencia de ellos, agradece y colócalos en movimiento!!!

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